La vida en el mar
“Son ideas que traía de hace tiempo revoloteando en la cabeza pero nunca las pude aterrizar, de no existir alguien que realmente se dispusiera a darme mar abierto para nadar”.
Mi primera sensación del mar al conocerlo fue nula. Me resultaba tan vasto e inabarcable que sencillamente mi consciencia de niño de 6 años no daba para más. Después de 20 años, mientras viajaba a una pequeña bahía en una lancha con otras 8 personas, el mar seguía siendo vasto e inabarcable, pero en sí mismo. No me preocupé por saber hasta dónde llegaba o preguntar a cuántas millas náuticas estaba la próxima orilla.
Me pareció increíble pensar que siendo, después de todo, sólo agua, pudiera moverse (con sus las olas y mareas) de forma tal, que parecía respirar. Y que además, sobrevivieran animales dentro. Lo demostró de la manera más cínica: dejó que observara 2 tortugas apareándose. Fue muy impresionante. Yo con todas esas ideas en la cabeza y aparecen estos 2 seres. Los tuve realmente cerca, incluso el macho me salpicó con un aletazo repentino. Ver sus ojos y el trance que los poseía. Ver y sentir esa potencia tan aplastante y al mismo tiempo, la delicadeza de una pequeña tortuga, con apenas 2 meses de vida, yendo tan decidida a enfrentarse con semejante monstruo azul. Lo único que aciertas a decir con voz baja y quebrada y haciendo eco en la mente, es: Vive, crece, lucha.
Entonces, de pronto pensé: ¿Y me quejo de que tengo problemas por resolver o busco siempre evitarlos? ¡Este animalito va sin dudarlo! Sus posibilidades son 2 en 50 de que logre volver a esa playa y reproducirse. Pero no importa, lo hace, e sabes que luchará por lograrlo.
El mar de la vida no fácil ni complejo. Es nuestro, podemos decidir qué hacer con él y cómo enfrentarlo.